Esta propuesta nacida desde los años setentas se sustenta en el enfoque naturalista, junto a ella, está también la propuesta iluminativa, que se adentra en procesos democráticos de la evaluación desarrollada por Barry Mc Donald y propuesta por los ingleses Hamilton y Parlet. Los aportes de este enfoque dan luces, en la actualidad desde ángulos socio-constructivos, al diseño de nuevas formas de evaluación alternativa, sobre todo si se considera al aprendizaje como circunscrito en la perspectiva de la educación a lo largo de la vida. En tal sentido, se concibe al estudiante o al aprendiz como un sujeto con capacidad en la toma de decisiones sobre sí mismo y sobre las estrategias que inciden en el proceso de su propio aprendizaje; es decir, una persona, con capacidad para participar en la consulta pedagógica realizando, inclusive, trabajos de evaluación. Involucrándose en la construcción de una nueva cultura de la evaluación y del aprendizaje, donde la información que retorna al él de la evaluación, le promuevan e insten a desarrollar dinámicas de atorregulación y mejora del aprendizaje.
Los procesos de evaluación así proyectados no pueden tener como referente la asignatura pues escapa a ella la dimensión que promueve, al articularse la formación con las condiciones mismas de la vida del aprendiz.
En la injerencia de los aportes que se desprenden desde Stake –cuyo sentido primario fue responder a procesos de evaluación cuantitativa- planteando un nuevo significado al valor asignado a la evaluación desde los juicios.
Bajo las condiciones actuales de los procesos educativos enmarcados en nuevas sinergias con la comunicación, se abre una perspectiva para estimar bajo otras ópticas la posición del estudiante en el proceso de evaluación, más aun, en la apertura que delinean los sistemas de educación digital. Esto permite instrumentalizar la evaluación inscrita totalmente en el aprendizaje y en las dinámicas de gestión del conocimiento. De tal manera que facilite el learning oriented assessment en la consideración de planear la evaluación, involucrar al estudiante en la evaluación y ofrecer los resultados –fundamentalmente bajo la función formativa-. Implica, además, comprender que la perspectiva de la evaluación alternativa exige del docente, platear tareas inscritas en la realidad, a través del trabajo, a través de los proyectos, a través de portafolios, a fin de que los estudiantes demuestren que construyen o desarrollan productos o de elaboran parte de las definiciones estudiadas.
Los procesos de evaluación así proyectados no pueden tener como referente la asignatura pues escapa a ella la dimensión que promueve, al articularse la formación con las condiciones mismas de la vida del aprendiz.
En la injerencia de los aportes que se desprenden desde Stake –cuyo sentido primario fue responder a procesos de evaluación cuantitativa- planteando un nuevo significado al valor asignado a la evaluación desde los juicios.
Bajo las condiciones actuales de los procesos educativos enmarcados en nuevas sinergias con la comunicación, se abre una perspectiva para estimar bajo otras ópticas la posición del estudiante en el proceso de evaluación, más aun, en la apertura que delinean los sistemas de educación digital. Esto permite instrumentalizar la evaluación inscrita totalmente en el aprendizaje y en las dinámicas de gestión del conocimiento. De tal manera que facilite el learning oriented assessment en la consideración de planear la evaluación, involucrar al estudiante en la evaluación y ofrecer los resultados –fundamentalmente bajo la función formativa-. Implica, además, comprender que la perspectiva de la evaluación alternativa exige del docente, platear tareas inscritas en la realidad, a través del trabajo, a través de los proyectos, a través de portafolios, a fin de que los estudiantes demuestren que construyen o desarrollan productos o de elaboran parte de las definiciones estudiadas.
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